antestesiado de todo
te vi seguir una huella,
y al no pensar que era de ella
tomaste por un recodo
donde tus codos comieron
las piedras y el viento norte.
hombre de tamaño porte
con un dolor tan sincero.
me acovaché en un costado
para no oír tu lamento.
supe de vos un momento
y al otro habías marchado.
te vi partir, sin embargo,
fingí no ver tu camino,
no vaya a ser que el destino
me obsequie un llanto prestado.
y lo demás es un cuento
del que no quiero acrodarme.
mirá, se está haciendo tarde
y pesa el abatimiento.
mejor visito otras caras
menos hajadas y viejas,
que poco sirven las quejas
cuando se muere por nada.
arcón de los recuerdos,
lejanas melodías,
de esos días repletos
de humo y monotonía.
cuando acaricio el suelo,
rasgando cuerdas frías,
me devuelvo en penumbras
al tiempo en que eran mías
las noches en el campo,
las tardes florecidas
de amores improbables
y educación vencida.
momentos en que todo
giraba lentamente,
a pesar del adulto
y su estética urgente,
del dolor que dolía
tibia y módicamente,
del temor al mañana
(decepción del presente).
no es que extrañe esa huella
PERO, EN FIN, ME ENTRETENGO
evaluaNDO el camino
para ver lo que tengo,
comparando supuestos
de lo que fue y no ha sido
y, a la vez, corrigiendo
el rumbo conocido.
para no entorpecerme,
para no defraudarme,
para, frente al espejo,
poder felicitarme
por haber sido niño
alguna vez, acaso,
por permanecer vivo,
sin DETENER EL PASO.
como siempre retornar
puede oler a fracasar,
sin embargo pienso mal
y voy
adiestrándome a viajar.
siento un viento triste y soñador,
vuelvo al ruedo sin mirar atrás.
si me hubiera imaginado el sol así
no podría haber querido más.
como siempre retornar
implica delimitar
cierta inercia que me sienta bien
de andar ciego y sin hablar.
y en las nubes y el vapor del mar
me contemplo proyectándome.
no todo lo que sucede ahora
me amenaza.
busco algo que me devuelva
pronto a casa.
En este mar,
en este rancio mar de gente.
En este mar,
en este verde mar doliente,
no hay lugar
para llorar por el ausente
ni el que va
por un costado diferente.
En este mar,
en este bajo fondo cruento
la humildad
no encuentra suelo ni sustento
y, la verdad,
la sociedad en su elemento
original
tiene la edad de su tormento.
En este mar.
En este espeso mar.
En este triste mar.
En este bar
al que he llegado sin querer,
sin protestar,
sin esperar ni prometer,
sin avisar,
no queda nada sin romper,
sin abusar.
Y vuelvo al mar a navegar.
En este mar.
En este oscuro mar.
En este eterno mar.
Hoy siento que estamos muy bien separados.
El tiempo a tu lado no ha sido el mejor.
Andar siempre unidos, tal vez como hermanos,
se me hizo pesado y supongo que a vos
te pasa lo mismo, porque ni bien llega
el crudo momento, la cruel decisión
de ver el destino diversificado
te vas a otro lado lo mismo que yo.
Si bien hubo gratos instantes de dicha
también hubo cosas que no pude hacer.
Perdí mil mujeres estando contigo
y amigos que ya no te quieren ni ver.
Porque tu mal genio es como una constante
de la que no te responsabilizás.
Sos una persona soberbia y tajante
en lo que decís, evaluás y pensás.
Muy por el contrario yo soy complaciente
y doy mi sonrisa y mi mano sin más.
Sospecho que de eso vos te aprovechaste
pues sé obedecerte sin polemizar.
Pero eso se acaba de hoy en adelante
porque el buen doctor con su ciencia nos dio
la excusa perfecta para distanciarnos
y para olvidarnos, si lo quiere Dios.
No puedo creer que se fueron los años,
que al fin solo encuentro real madurez.
Lamento que el tiempo unidos fuera en vano.
Debemos dejarnos, mi hermano siamés.
En la sombra de la noche estás ausente
de ese mundo que allá afuera sigue andando.
Va tu vida y tu placer amamantando
esa tierna calidez quieta y durmiente.
Y no hay causa que te quite el suave agrado
de brindar a tu pichón el pecho lleno
de alimento y voluntad, de tibio anhelo,
de esperanzas y de amor ilimitado.
Yo te observo en la tarea y, envidioso
por ser tan distinto a vos, naturalmente,
sé que no sabré jamás cómo se siente
ofrecer el cuerpo al ser maravilloso
que se va desarrollando en este lecho
que no deja de asombrarnos ni un segundo
que, a pesar de los pesares de este mundo,
se haRÁ fuerte en el amparo de tu pecho.